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26-01-2012 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Bienvenidos al club

¿Quién dijo que en Buenos Aires hace calor en verano? En el Polo Circo el calor no se siente porque las propuestas del Club de Circo, muchas y diversas, refrescan las ideas, el cuerpo y el humor. Y además porque las carpas tienen ventilación y aire acondicionado –algunas- a prueba de todo verano. Solo se trata de dejarse llevar.

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Por Gabriela Baby


Al entrar al predio de Polo Circo (Av. Garay y Combate de los Pozos), el visitante se encuentra a Campanita -nariz roja, zapatones enormes con puntas redondeadas y un cartel con una flecha- que oficia de maestra de ceremonias y de guía: ella indica dónde se van desplegando cada una de las actividades del Club de Circo, una propuesta veraniega dirigida a toda la familia.

La acción arranca con un taller de circo: pelotitas y aros para hacer malabares, discos para probar un hula hula intenso y unas colchonetas que invitan a hacer roles, verticales, medialunas y destrezas de piso. El entrenamiento está a cargo de la propia Campanita –¡maestra del hula hula!– y otros artistas invitados. Los chicos aprenden a toda velocidad. Los padres se animan de a poco: no vale quedarse mirando. 

Alrededor de las cinco de la tarde empiezan los espectáculos. Que son muchos, variados y en continuado. Vale la pena ir en días y horarios diferentes, como para dar una mirada a la diversidad de propuestas.

En la carpa Garay, la Compañía Dorots pone en escena Un largo viaje, espectáculo de gran despliegue acrobático: hay trapecistas, equilibristas, contorsionistas, un mago al que todo le sale mal, mucho humor, color y vértigo en esta gran carpa. Cuando el show termina, hay que atender al recorrido que indica Campanita con su pequeña y precisa flecha.

Esta vez se trata de la carpa Recepción, donde la maga Chechi Chuan y la payasa Rosita Bacalao -¡qué bien toca el acordeón!- presentan Cuentos mágicos: el viaje iniciático de la niña que llegó a ser una gran maga. Con pañuelos, galeras, flores que aparecen al chasquido de sus dedos y gran final con mujer cortada, Chechi Chuan cuenta algo de su vida. Porque ella misma confiesa -en charla íntima al terminar la función- que primero escribió la obra y luego la ficción se hizo realidad: mientras estudiaba para maga conoció a un gran mago del que se enamoró locamente. Vida y obra atravesadas por la magia, las ilusiones y la música, a cargo de dos artistas que se las traen. ¿Quién dijo que mago y payaso eran roles reservados para hombres?

Cuando termina la historia de Chechi Chuan, la compañía Brinc -con su espectáculo Salún- pone en la arena rutinas acrobáticas en el ámbito de una cantina del oeste norteamericano. Una gran mesa es pista de prueba (¡y de aterrizaje!) de pirámides humanas, saltos ornamentales en grupo, chicas que vuelan y algunos enfrentamientos coreografiados de dos vaqueros que luchan -en clave circense- por la chica. La vaquerita, mientras tanto, despliega vuelos y verticales con aparente candor. Mucha acción y adrenalina.

Y antes de que caiga el atardecer, en el Anfiteatro al aire libre se puede ver el espectáculo Aloloco, de la compañía Circo Delfines: dos artistas que a puro ritmo despliegan sus habilidades de clown, músicos, malabaristas y acróbatas en una supuesta cocina donde los cuchillos vuelan y los platos giran “aloloco”. Alegría contagiosa en escena.

Pero si se prefieren las historias de amor, en la carpa Garay Los Zarabella cuentan una crisis de pareja que se las trae. Porque Pipi y Atilio sacan a relucir los buenos y malos momentos vividos como pareja y evalúan si deben seguir juntos o no. Teatro acrobático, drama y clown, en la pista del circo.

Finalmente, o entre una obra y otra, para tomar aire y descansar un rato, el espacio Circo Verde ofrece reposeras y sombrillas, kiosco con bebidas y panchos y dos escenarios en los que números musicales o circenses sorpresa irrumpen en la tarde. También hay un sector en que los artistas plásticos del taller de pintura de Marino Santa María han instalado caballetes y mesas con témperas y pinceles. La mesa está servida y la invitación es abierta: ¡todos a pintar!

Los chicos ponen manos a la obra. En las pinturas se perfila algún payaso, una trapecista, el mago. Suena una banda de rock en el atardecer de sábado, mientras una nena dibuja una trapecista de vestido violeta. Campanita descansa y comparte una mesa lejana con los integrantes de la compañía Dorots. Chechi Chuan baila con su mago. El sol se esconde tras los edificios de la Avenida Garay. Mañana, todo volverá a comenzar.




Club de Circo. De jueves a domingos a partir de las 16 hs. (hasta el 12/02). Gratis.
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