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01-09-2006 |

Cultura - Madres y Padres

Doctores de narices coloradas

No usan jeringas ni estetoscopios, pero están al ladito de la cama del paciente después de una cirugía y hasta en la terapia intensiva. No ponen inyecciones, pero cubren con ternura las heridas. Bailan con los tubos de oxígeno y ponen nombre a los sueros. Y si la enfermera pide silencio, ellos cantan canciones de alegría.

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Por Marisa Rojas



La entrada al hospital es tan fría como la noche afuera. La sala de la Guardia cobija la espera angustiada. En los pasillos, rumbo a las habitaciones, el silencio deambula y se cruza, de tanto en tanto, con la soledad. Pero de repente aparecen ellos, con sus guardapolvos verdes y naranjas, sus medias a rayas, sus zapatones enormes, despliegan sonrisas y visten de colores al Hospital de Gastroenterología Carlos B. Udaondo, convidando a todos con tiernas caricias.

Ellos son los ‘payamédicos’, que como su nombre lo indica son: mitad payaso, mitad médico. “Una especie de binomio fantástico, dos universos diferentes que se juntan y resuenan para muchos lados. No son payasos, tampoco son médicos, son un ‘inter’. Tienen cosas de payasos y de médicos, también de psicólogos, y especialmente, de clown, pero van incluso mucho más allá de eso. Son el lugar donde se encuentran un montón de hilos: lo terapéutico, lo artístico, lo político, lo filosófico”, define el doctor José Pellucchi.

Pellucchi es médico especialista en terapia intensiva, ecografista y psiquiatra, actor, director de teatro y director artístico de Payamédicos, la organización que fundó cuatro años atrás y que coordina junto a la psicóloga Andrea Romero. “Yo empecé a unir el mundo de la medicina con el mundo del arte hace muchos años. Primero fue el trabajo con Los Rivas, hacíamos teatro de prevención en el hospital Rivadavia. Aún hoy dirijo ese grupo en el Centro Cultural José Ingenieros de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Luego, en un momento yo estaba trabajando como actor con Javier Margulis, hacía una obra, Seres Leves, donde tenía personajes muy tiernos que un día comencé a ensayar frente a la cama del paciente. Más tarde vi la película Patch Adams, y decidí seguir con ello. Cuando la conocí a Andrea, que es psicóloga infantil y ha estado en Europa y ha visto payasos en hospitales de otras partes del mundo, empezamos a investigar y organizamos Payamédicos tal como es hoy”, cuenta Pellucchi.


La finalidad del trabajo de Payamédicos es contribuir con la salud emocional del paciente hospitalizado, se trate de un niño o un adulto, un hombre o una mujer. El objetivo es desdramatizar el medio hospitalario demostrando, al paciente y toda persona involucrada con el lugar, que el hospital también puede ser un sitio de encuentro y de risa. Poder fomentar la fantasía y propiciar la subjetividad para que el organismo de la persona internada se ponga en funcionamiento, es otro de los fines perseguidos. Hay una instancia de entretenimiento, pero lo principal es el trabajo terapéutico. “Esto es lo que nos diferencia de otras organizaciones del mundo, recreativas, donde además son exclusivamente artistas los que hacen este tipo de trabajos y no profesionales de la salud, como es nuestro caso”, aclara el ‘doc’.

Base del trabajo artístico del ‘payamédico’ es el clown, la ternura y la inocencia de los gestos, la risa calma y la alegría sencilla del artista que sin palabras emociona y divierte. “Elegimos la técnica del clown para las intervenciones porque trabajamos directamente con el paciente como espectador al que también hacemos trabajar, producir. Buscamos establecer un vínculo directo con la persona para que así también cree, deje de ser ‘paciente’, pasivo. También porque, como dice Cristina Moreira, una de mis maestras, ‘el clown tiene una ética encarnada’, eso quiere decir que es un personaje que nunca va a hacer sentir mal al espectador. Personalmente creo en la ternura, creo en desarrollar los lazos tiernos, las conexiones, los vínculos, por eso los ‘payamédicos’ somos clowns”, define Pellucchi.


La propuesta de Payamédicos implica un modo particular de entender la enfermedad que incluye una manera de desentenderse de la medicina actual, del paradigma positivista. “En este punto ancla lo de desdramatizar la situación hospitalaria e incluso los elementos propios del lugar. La idea de binomio fantástico que representa la noción de ‘payamédico’ también se puede aplicar a los objetos que utilizamos en nuestra intervención. Como la ‘jeringaraca’, mitad jeringa - mitad maraca, o ‘el estetosflorio’, un estetoscopio que en vez de tener una campana como el que usamos los médicos tiene una flor, y así hay una lista larga de objetos y cosas que combinan herramientas crueles del hospital con cosas de un universo más fantástico, poético, bello. Porque esa es la idea: llevar belleza a una institución tan dura e intervencionista y hasta amenazante como es el hospital”, sintetiza el director del grupo.

Reconociendo lo real y lo fantástico, lo concreto y lo mitológico que rodea a las instituciones hospitalarias, sin desmerecer los prejuicios que existen hacia médicos y hospitales, pero dentro de la misma área de trabajo, los ‘payamédicos’ despliegan adivinanzas y canciones “para que el pinchazo duela menos”. “Trabajamos desde muchos lados. Si quisiéramos explicarle a los colegas qué hacemos desde el discurso cientificista, podemos hacerlo: hay trabajos multicéntricos que comprueban que el estado de ánimo optimista sostenido mejora la evolución de las enfermedades, tanto las infecciones como las neoplasias. El sistema inmunológico tiene unas células que se llaman sistema de vigilancia inmunológica y aplastan todos los días las células neoplasias que fabricamos cotidianamente, el estado de ánimo opera directamente sobre esto, entonces, nosotros tratamos que la persona se ría, que logre alcanzar y mantener un estado de ánimo optimista. Esto no significa que tengamos vínculo alguno con la ‘risaterapia’ o cualquier otro tipo de las llamadas terapias alternativas. Payamédicos es, en todo caso, una terapia complementaria. Creemos en la medicina vigente y yo particularmente la ejerzo aunque considere que ‘se queda corta’. Tengo muchas discusiones filosóficas con la medicina vigente que parte de una filosofía cartesiana, positivista, clasificatoria, epidemiológica, estadista donde hay un montón de cosas que son meros constructos, pero así y todo creo en los fármacos, creo en los aparatos, creo en que hay que aplicarlos bien, y también que estaría bueno que toda la gente tuviera acceso a ello”, aclara Pellucchi.


En un comienzo, los ‘payamédicos’ fueron sólo cuatro. Al poco tiempo, el centro José Ingenieros estallaba de médicos, estudiantes de medicina, psicólogos, psicoterapeutas, sociólogos y artistas que querían formarse como ‘payamédicos’. “Los primeros grupos eran numerosísimos, pero de noventa sólo terminaban diez. Se necesita mucho más que buena voluntad o ser un buen artista para hacer esto. Muchos se interesan en formarse pero al momento de actuar no se animan. No es lo mismo hacer teatro en una plaza o en una sala que entre pacientes con sondas, con tubos de oxígeno o en terapia; además, los vínculos que establecemos con los pacientes son fuertes, y muchas veces tienen la edad de tus padres o de tus hijos, o la tuya misma y están muy graves”.
Hoy, son treinta y cinco los ‘payamédicos’ que dos veces a la semana visitan a los pacientes internados en los hospitales Udaondo y de Clínicas, y en la sala 29, de niños, del Muñiz. Bastan sus bromas y sus sonrisas ingenuas para que a esos chicos y grandes, que miran la ciudad desde la ventana de una sala de internación, el territorio del hospital les resulte de algún modo menos agresivo, menos indiferente, y entre caricias, formas mágicas, colores y mucha ternura cobre, justamente, vida.


PayaFuturo

La formación de los 'payamédicos' incluye aspectos teóricos y prácticos desde los que se abordan desde cuestiones artísticas, como técnicas clownescas, malabares, magia y globología, entre otras, hasta herramientas psicoanalíticas y terapéuticas. El doctor Pellucchi es el encargado de la formación de 'payamédicos' en el Centro Cultural de la Facultad de Medicina de la UBA -donde los 30 lugares disponibles para el curso 2006, 20 para profesionales de la salud y 10 para artistas, se cubrieron a la hora de abierta la inscripción-, en el Centro Cultural Tadrón y próximamente también en Neuquén. “Tenemos pedidos de todos lados, estamos evaluando abrir la formación en Rosario y en las provincias de Tucumán, San Luis y Jujuy. Lo de Neuquén surgió a partir de uno de los primeros 'payamédicos', Pablo, que se formó mientras terminaba su carrera de medicina y ahora, de regreso a su provincia natal, es nuestro referente allí. La Liga Neuquina de Lucha contra el Cáncer va a solventar los gastos. El objetivo es que haya 'payamédicos' en todos lados. Un día alguien se va a dar cuenta de lo necesario que son y es importante que estén disponibles. Igualmente es difícil porque no recibimos aportes de dinero de ningún tipo. Todo lo que hacemos es a pulmón. La excepción son algunas iniciativas privadas como en el caso neuquino. A mí, Medicina me paga por los cursos y cuando nos llaman de algún centro asistencial privado para intervenciones especiales, por ejemplo para el día del niño, lo que recaudamos nos viene muy bien para la compra de materiales", señala el médico que, entusiasmado, agrega: “Este año, por primera vez, tenemos ayuda oficial. Firmamos un contrato con el Ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Claudio Mate, que es el primer político que le ha dado importancia a esto y por lo que ahora vamos a ser 'payamédicos' sustentados económicamente para trabajar en el Hospital Ludovico de La Plata, es algo realmente inédito pero que nos habla de un buen futuro".

 

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