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11-06-2018 |

Crianza - Madres y Padres

Padres fuera del patriarcado

La revolución feminista arrasa. Y plantea nuevas preguntas. Entre otras, la pregunta por la nueva masculinidad y la nueva paternidad. ¿Cómo es o podría ser el padre que no responde a los valores del patriarcado? En su libro "Cachorro. Breve tratado de la filosofía paterna", Agustín Valle invita a pensar el lugar del padre actual. En tiempo presente.

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por Gabriela Baby
Foto:
Nair Castillo

 

 

“¿Cómo son las masculinidades necesarias para los nuevos modos de vida igualitarios? ¿De qué modo pueden los varones ser afirmativos y estar presentes en esos modos, sin reproducir la antigua asimetría? No lo sabemos bien, no estamos seguros, erramos, seguimos. Pero los cachorros están acá y exigen que hagamos”, dice la contratapa de Cachorros. Breve tratado de filosofía paterna (Hekht Libros), un libro pequeño –de tamaño– y de contundente escritura.

Sus preguntas punzantes sacuden: ¿dónde quedó el padre que representa la Ley? El padre que toma lugares de la madre, ¿es un padre travesti o hay una nueva masculinidad pujando por instalarse y jugar su juego? El libro –que se define como “una indagación poética con curiosidad ensayística sobre la fenomenología bebítica”- reflexiona sobre el lugar del padre, puesto a prueba por ese bebé que acaba de llegar al mundo y exige cuidado, mirada, atención.


¿Cómo surge el libro?

Estaba con mi hijito recién nacido, e incluso antes en la espera, en esa suspensión del tiempo normal que implica el nacimiento (aunque no siempre, porque hay mucha industria o técnica para reinsertar en la normalidad tamaño acontecimiento), y también estaba en la lectura de un par de textos: La cosa y la cruz de León Rozitchner y Mi hijo de Rafael Barrett, y empecé a observar desde el lugar de inocencia la escena del bebé recién nacido.

¿Y qué descubriste?

El primer hallazgo fue el de la mirada a los ojos durante el amamantamiento, una acción que me pareció esencial, incluso por encima del acto nutricio. A partir de ahí, gracias a esas lecturas y esa atmósfera antinormalizante del acontecimiento bebítico, fui encontrando una experiencia de conocimiento irremplazable. Mirar y acompañar de cerca el crecimiento de un bebé que tanto nos muestra de nosotros mismos, porque nosotros también somos bebés que crecieron.


MIRAR Y MIRARSE
En el libro hacés alusión a diversas masculinidades ¿De qué se tratan esas otras masculinidades?

Estamos viviendo un acontecimiento histórico, un desplazamiento, para el cual no hay guión establecido. Este desplazamiento tiene que abrir, no solo la posibilidad de crítica a esas masculinidades violentas, sino también la posibilidad de contar masculinidades que se puedan afirmar, que no tengan vergüenza de sus fortalezas, porque violencia y fortaleza no son lo mismo. No sabemos bien cómo son esas masculinidades, hay que investigarlas.

¿Qué lugar tiene la paternidad en esta configuración de la nueva masculinidad?

Una de las líneas de investigación, de experimentación de estas masculinidades nuevas consiste en la paternidad de cercanía, en la paternidad de presencia. Estas son las primeras generaciones en las que es tan masivo que ambos adultos de crianza trabajen. Y de hecho fue también eso lo que hizo a la escritura del libro. Cuando la mamá de mi hijo empezó a trabajar a los seis meses, yo me quedaba muchos días enteros con él y en el momento de su siesta me iba a la terraza de mi casa a tratar de registrar lo que más me había sorprendido de lo que había visto en ese momento.

Me detengo en el prólogo de Cachorro. Allí mencionás al padre como portador de la Ley. Me gustaría que cuentes cómo sería este nuevo padre que no es la Ley pero a la vez es la Ley y su nuevo rol parental (y social).

Como planteo en el prólogo del libro, no sé cómo será este padre. No hay guión ni figuras-tipo para un papá que no se piensa ni actúa como el castrador, el operador de la Ley. En principio, es un papá de presencia. El viejo padre de la familia burguesa tradicional era un padre de ausencia: “ya vas a ver cuando venga...” Esto por supuesto expresa mutaciones en las condiciones materiales de la crianza, el ingreso masivo de las mujeres al mercado laboral. Se abre entonces una figura de paternidad de presencia, cercanía, corporalidad y constancia. Más que la Ley -orden trascendente y de fundamento abstracto-, en la presencia pueden instaurarse reglas. Las reglas son situacionales y requieren el sostenimiento de todos los presentes.

Además, el padre de la Ley se estaba perdiendo algo…

Sí. Y es un problema para los varones padres, porque se nos instala la idea de que hay algo más importante que perder el tiempo en esa escena doméstica babosa con el bebé, que es la esfera de la producción, la esfera económica y de reconocimiento, de modo que nos vemos empujados a menospreciar (aún con tristeza y sin quererlo) una escena de amorosidad y alegría inmediata por una de miedo, esperanza esclavista y competitividad…


EL PAPÁ Y EL BEBÉ 
¿Qué enseña un bebé a un padre?

Los bebés enseñan porque muestran. Al protagonizar la adopción de la forma humana, o su instauración, o su re-creación, enseñan cómo funcionan un montón de dimensiones de nuestra naturaleza, que los adultos damos por obvias. Si observamos con atención a los bebés, enseñan cosas que permiten discutir con grandes lugares de la filosofía política. Enseñan cómo se gesta la subjetividad; por ejemplo si somos un individuo que se relaciona, o si somos una parte de una existencia sustancialmente colectiva; si primero viene yo o primero viene nosotros. Enseñan sobre las pasiones: la alegría, el agradecimiento, el miedo. Enseñan sobre el reconocimiento, sobre el juego especular del deseo (¿quiero lo que quiere otro porque quiero su deseo porque quiero dominarlo a través de que me reconozca?), o bien el sustrato común de los deseos “individuales” (quiero lo que quiere otro -como los bebés que siguen nuestra atención- porque asumo que somos lo mismo). Enseñan que no es posible conocernos sin relacionarnos con las cosas, que entre nosotros y las cosas entonces no hay un corte real. Enseñan que los “juguetes” son un objeto restrictivo, que viene a establecer que todo lo demás no es jugable. Enseñan que “jugar” es conocer y probar los posibles de las cosas. Enseñan que los “logros”, los crecimientos, no son metas pesadas que debemos cumplir, subordinándonos; que son efectos de la exploración del despliegue de las potencias del cuerpo: como aprender a caminar.

Y también aparece en tu texto el bebé que instala preguntas a los adultos…

Con la llegada de un bebé o bien se reafirma la adhesión a la normalidad (“lo que hay que hacer”), o bien se aceptan las preguntas que trae sobre cómo vivir. La relación entre vida privada y vida pública, cuánto se comparte y cuánto es cerrado, la distribución del tiempo, el vínculo con la calle, la sacralización del trabajo, la implicación política, la alimentación… ¿Qué significa alimentarse? O ¿contratamos una empleada doméstica ahora que laburamos y somos papás y mamás? O ¿trabajamos menos? ¿Trabajamos más porque necesitamos más plata? ¿Lo mandamos lo antes o lo más tarde posible al jardín? Cosas simples pero densas. Porque en realidad el bebé no pidió nada, ni que renuncies ni que hagas nada; solo presencia y amor. La pregunta por las paternidades alternativas no se puede separar de la pregunta sobre nuestros propios modos de vida, nuestros deseos, aspiraciones y valores.

Y en relación al vínculo padre-hijo, aparece el cuerpo: el cuerpo que juega o que se aísla. ¿Qué lugar tiene y debería tener en la crianza el contacto físico, lo sensual compartido entre padres e hijos?

Un lugar fundamental, sin duda. Los bebitos nos permiten recordar también eso, que nada es del todo verdadero si no lo verifica el cuerpo -nada tiene verdadero sentido sin verificación sensual. Sentir, sentido y saber, sabor.


VARONES EN EL CAMBIO 
El libro dice: “Las prácticas y ánimos igualitaristas invitan a los varones a repensar nuestra consistencia. No está pensada una figura de varón y padre a la altura del movimiento de liberación femenina”. Pregunto: ¿en qué etapa estamos de esta construcción del nuevo varón? 

No sé en qué etapa estamos pero es evidente que habitamos un momento de flagrante mutación histórica en la relación entre géneros, en el estatuto de los géneros. El sometimiento de la mujer tiene más historia que la historia: empezó en la prehistoria. Ahora nos desayunamos los varones en que quizá pensarse y concebirse con eje en el poder es triste. Que quizá es posible desear masculinamente sin vestigios de odio por el cuerpo deseado. ¿En qué etapa? Diría que estamos empezando... (amén de que seguramente sea un comienzo con muchos antecedentes).

¿Por qué no se escuchan más y nuevas voces que piensen la nueva paternidad y el nuevo varón en la era del pospatriarcado? Quiero decir: hay mucho material y discurso alrededor del feminismo, pero no hay tanta invitación a pensar sobre el nuevo rol del varón entre estas nuevas mujeres.

Por un lado creo que el movimiento feminista, así como encuentra muchos varones reactivos, que se ponen más violentos que nunca, también encuentra prudencias medio fanáticas, que creen que a los varones nos toca callarnos y ya. Esa idea de fondo supone que una presencia varonil es de por sí opresiva para la mujer; es, ergo, una idea machista: callemos, porque si hablamos dominamos. Eso por un lado. Por otro, estimo que la visibilidad del pensamiento varonil sobre la masculinidad post-machista será cada vez más visible. Leo en Facebook a un tipo a quien no conozco, Daniel Jones, que escribe al respecto. Conozco un poema largo inédito, de Federico Levín, llamado Los padres de las plazas, que ídem. Como te decía, estamos empezando... 


 


VALLE Dixit 
“No hay que pensar qué mundo le dejamos a nuestros hijos sino solo qué mundito les hacemos para empezar a involucrarse en el mundo y armar el suyo. En todo caso, más bien qué hijos le dejamos a este mundo es una preocupación a la altura de nosotros. Nuestros hijos son las únicas personas que existen porque lo decidimos nosotros (al menos por un efecto nuestro), de manera que son ellos la única verdadera responsabilidad nuestra. Pero ellos, como digo, involucran el mundo que les sostenemos. Los hijos involucran todo lo que se gana nuestra presencia vigílica, incluso lo que puebla nuestros sueños… Cuidar todo ese paisaje es cuidar lo que queremos cuidarles”.

Fragmento de Cachorro. Breve tratado de filosofía paterna. (Editorial Hekht Libros).  



 

Planeta VALLE 
Agustín Valle nació en Buenos Aires en 1981. Entró a estudiar Historia en la UBA pero en 2001 dejó. Aprendió con Ignacio Lewkowicz hasta su muerte. Después estudió Filosofía Política con Diego Sztulwark. Participó del Colectivo Inmediato, de pensamiento y escritura, del ciclo de lecturas Ensayos en Vivo y su sello artesanal Ensayos de Libro. Es autor de Solo las cosas, notas de subjetividad mediática y crónicas de naturaleza urbana y de la plaqueta Notas de montaña (ambos en EEL); es coautor de A quién le importa. Biografía política de Patricio Rey (Tinta Limón); De pies a cabeza, ensayos de fútbol (Interzona); Nueva autoayuda, por un sueño latinoamericano (Kier); Mirate esta. Cartas de películas (EEL). Escribe en medios gráficos y tiene un micro en radio La Tribu sobre cultura y política. Es profesor en la Diplomatura en Gestión Educativa y coordina el seminario Subjetividades Mediáticas y Educación, en FLACSO Argentina.

 

 

Tags: crianza, paternidad, género, Agustín Valle

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