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01-07-2017 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Una vuelta a la tradición titiritera

En el año de su 40º aniversario, el emblemático Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín convocó a dos de los integrantes de su formación original, fundadores además de Libertablas, la cooperativa titiritera con más trayectoria del país, para presentar "La vuelta al mundo en 80 mundos".

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Por Marisa Rojas
Fotos: Carlos Furman


El Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín fue creado en 1977 cuando el por entonces director del teatro, Kive Staiff, convocó al titiritero Ariel Bufano para adaptar y dirigir la obra David y Goliat, de Sim Schwarz. Tras aquella primera y exitosa experiencia, Staiff y Bufano, junto a su compañera Adelaida Mangani, gestaron la creación de un elenco estable que, con el apoyo económico y técnico necesario, pudiera desarrollar y experimentar alrededor de un arte milenario, poco difundido en la Argentina de esos años.

Sergio Rower y Luis Rivera López formaron parte del elenco que llevó a escena aquel David y Goliat e integraron, durante una década, el grupo de Bufano y Mangani, aunque en paralelo, desde 1978, también se dedicaron a escribir la historia de la compañía teatral independiente Libertablas. Un elenco estable de artistas creadores de espectáculos en los que se interrelacionan actores, títeres y máscaras, capaces de realizar en el año unas 400 funciones para 300.000 espectadores de más de 3.000 escuelas en todo el país.

Cuarenta años después de esa aventura fundacional, y a treinta de haber dejado el Grupo, Rower volvió al San Martín, a partir de una convocatoria abierta a directores. Y lo hizo junto a su co-equiper Rivera López, responsable de la versión libre del clásico de Julio Verne que con el nombre de La vuelta al mundo en 80 mundos se presenta esta temporada en el Teatro Regio.


Sergio, ¿por qué te presentaste a la convocatoria y por qué con este proyecto? 

Yo sentí que tenía que participar apenas supe del proyecto. Creo que fue un acto fallido elegir La vuelta al mundo… como punto de partida para volver de alguna manera a ese mundo que cuarenta años atrás me aportó uno de mis pilares profesionales. Es una obra que siempre había querido hacer pero que nunca terminaba de encausarse en el universo Libertablas. Luis tenía hecha una versión del texto de Verne en clave de clown por un pedido que alguna vez le había hecho Claudio Gallardou, ¡pero yo no sabía nada de eso! Esa adaptación la tomamos como base para ir luego al recorrido por todos los mundos que yo quería visitar, con estéticas y técnicas titiriteras propias: de las varillas a las sombras, incluyendo títeres grandes, algo que de alguna manera, como el reversionar a los clásicos, también habita en Libertablas.

Adelaida, ¿qué es lo que tuviste en cuenta al elegirlo para esta nueva apuesta del Grupo de Titiriteros?

Saber de la formación y la ética profesional de Sergio, conocer su manera de encarar el trabajo y su criterio de grupo, su capacidad para dirigir, no a uno o dos titiriteros sino a catorce, que sea alguien capaz de dirigir en un teatro profesional público, con todo lo que eso significa en términos de posibilidades y de responsabilidades; alguien como él con todas esas capacidades era ideal para esta primera experiencia que debía salir sí o sí muy bien, no podíamos arriesgarnos.

¿Qué tienen en común Libertablas y el Grupo del San Martín que hizo posible concretar un proyecto como La vuelta…?

Sergio: Para mí está la esencia de la pasión y el respeto a lo que es el ser titiritero, está la utopía del profesional que sigue buscando el mejor texto para llevar a escena, siempre. Cosas que yo heredé de Ariel y de Adelaida, que es con quienes me formé. Porque los pilares del grupo han sido ellos. Y lo han sido también para mi vida profesional. Para mí, que no vengo de una familia de artistas, la unión con ellos fue fundacional, yo me formé artísticamente con ellos, por eso digo que soy un barro modelado por Bufano y Mangani.

Adelaida: Lo que yo reconozco en Libertablas, en Sergio, del Grupo de Titiriteros, es lo que mencionaba antes y lo que voy corroborando en el desarrollo de esta experiencia. El hecho mismo de ir a todas las funciones, por ejemplo, algo que no es tan común entre los directores pero que son cosas fundacionales, para Ariel lo eran, para mí lo son. Que Libertabas se haya constituido en un grupo con la solvencia y trayectoria que tienen… ahí hay una solidez en la organización del trabajo que creo que es un poco aprendida de cuando se trabaja en una estructura como la del Estado. Y eso es algo tremendamente valorable.

¿Qué encuentran de diferente, y qué acaso consideran que se ha mantenido, en estos cuarenta años a propósito del milenario arte de los títeres?

Adelaida: Yo diría que cambió la mirada en general sobre el arte titiritero. Porque independientemente de que se mantiene cierta concepción de la titiritezca como un arte marginal, lo que no es malo en sí mismo, cambió el hecho de que hace cuarenta años el teatro de títeres era considerado casi exclusivamente como para niños y era de guantes. Si hacías otra cosa, como hacíamos nosotros con Ariel, te podían decir: “eso es muy lindo, pero títeres no son”, eso ha cambiado de una manera exponencial al presente. También ha cambiado el criterio al incorporar objetos a la dramaturgia de actores. Por otro lado, hay multiplicidad de grupos que hacen títeres para adultos y se dispersan por el mundo difundiendo el arte titiritero de una manera que no existía hace cuarenta años atrás.

Sergio: Yo empecé hace cuarenta años así que para mí, en retrospectiva, cambió todo. Hay elementos muy a favor en ese cambio como lo es la cantidad de lugares donde los titiriteros hoy pueden estudiar, me parece muy importante la consolidación de las escuelas. La transformación de la vieja Escuela de Títeres de Avellaneda como carrera de posgrado de actuación marca una línea: hoy un titiritero tiene que estudiar primero teatro y después títeres, y eso está muy bueno; la Escuela del San Martín por supuesto, y la experiencia de la UNSAM también van armando un respaldo que no existía hace cuarenta años. Eso ha sido un gran avance y ha significado una cantidad de titiriteros profesionales.

Después de cuarenta años de historia, desde David y Goliat pasando por esa locura que fue, y sigue siendo, El gran circo (criollo), incluyendo títulos legendarios como La bella y la bestia, obras para niños y para adultos, teatro de prosa, títulos clásicos y espectáculos experimentales, presentaciones en festivales del mundo y premios de toda clase, ¿qué historia le queda por contar al Grupo de Titiriteros del San Martín?

Adelaida: Hay miles, porque de los treinta miembros del Grupo, por lo menos diez tienen proyectos en su cabeza. De ahí viene todo lo que viene para el futuro. En ese sentido a mí me gusta mucho que mi función en este momento sea promover el desarrollo y el crecimiento de los artistas que entran al grupo y se forman como profesionales. A eso me refiero cuando en el programa de mano de la obra digo que todo ha tenido sentido.


La vuelta al mundo en 80 mundos. Ver información sobre las funciones aquí



PREMIO ARIEL BUFANO
En el marco de las celebraciones por el 40º aniversario del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, continuando la nueva etapa de apertura de la compañía que invita a creadores externos a su estructura a presentar proyectos destinados al teatro de títeres y objetos, hasta el 15 de julio está abierta la convocatoria a dramaturgos para participar del Premio Ariel Bufano. Un jurado integrado por Adelaida Mangani, Sergio Rower, Luis Rivera López y Ana Alvarado, artistas especialistas en el género, y el periodista y crítico Juan Garff, será el encargado de evaluar y elegir la obra de autor nacional, apta para todo público o dirigida a adultos, que el Grupo fundado por Bufano estrenará en la temporada 2018.

Más info: complejoteatral.gob.ar

 

 

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